En la etapa manufacturera empieza la industrialización, se produce para el autoconsumo, se intercambia en el mercado interno, el trabajo es libre y los trabajadores venden su fuerza de trabajo al mejor postor y en algunas localidades se alcanza la sobreproducción.
En la etapa mercantilista se sintio estado proteccionista, posee una organización de intercambio
donde la producción no solo se destina al mercado interno sino
principalmente al externo, toda organización social y económica gira en
torno a la propiedad privada y la formación de capitales y existen un desarrollo tecnológico.
En la etapa industrial también llamado liberalismo económico, se favorece la
libre competencia, el capital financiero adquiere gran relevancia, se
da un crecimiento desigual en las clases sociales, hay un despegue tecnológico y se inicia la dependencia económica y tecnológica de países pobres hacia los ricos.
A lo largo de su historia, pero sobre todo durante su auge en la segunda mitad del siglo XIX, el capitalismo tuvo una serie de características básicas. En primer lugar, los medios de producción —tierra y capital— son de propiedad
privada.
En este contexto el capital se refiere a los edificios, la
maquinaria y otras herramientas utilizadas para producir bienes y
servicios destinados al consumo.
En segundo lugar, la actividad
económica aparece organizada y coordinada por la interacción entre
compradores y vendedores (o productores) que se produce en los mercados.
En tercer lugar, tanto los propietarios de la tierra y el capital como
los trabajadores, son libres y buscan maximizar su bienestar.
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